miércoles, 21 de marzo de 2012

Pequeñito.

En nombre de la locura, dejaros llevar por ese mar de insensateces que abordan vuestros barcos, y que no descansan hasta que no consiguen haceros volver más locos aún.
Todos locos viven en este mundo de cuerdos, de coherencia, de asentamiento y rigidez, y en este mundo es dónde morirán y seguirán locos, sin nadie que los entienda ni comprenda.
Por esto necesitan escapar de la realidad, evadirse aunque sea un instante de este mundo cuerdo y formal, treparán a los árboles, escalarán montañas, ascenderán hasta las azoteas de los edificios más altos del cuerdo mundo, y ahí, sólo desde ahí arriba verán lo pequeña que se hace la cordura, la sensatez y la coherencia, verán que ese mar que les abordaba, no es más que un pequeño pantano en el que sólo acaban ahogándose las criaturas más apestosas e insignificantes que lo habitan. 
Desde ahí arriba conseguirán darse cuenta de que sin ellos al mundo le faltaría algo, lo que le completa y le hace mundo, pues igual que el mal no existe sin el bien, el ying sin el yang, el cielo sin el infierno, la sensatez y la cordura no existirían sin esa locura que a veces las hace desaparecer.
¿Soy yo, o todo el mundo se ha vuelto loco de remate?

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