Yo era un loco soñador y ella la sutileza, la delicadeza personificada.
El primer día que la vi llamó mi atención, empecé a hablar con ella y cuando me dí cuenta ya era de noche, las horas se pasaron volando y yo no quería despedirme de ella,
la acompañé a su casa, la cogí las manos, ella sutilmente jugaba conmigo, me harté de valor y la quise dar un beso pero cuando el mundo volvió a ser mundo, descubrí que alguien se había anticipado a mí.
Una semana después ella descubrió que yo también tenía un armario en el pueblo.
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